jueves, 15 de mayo de 2008

Y... ¿Por qué no?


A veces tenemos "pequeños despertares" como si, de repente, un súbito relámpago iluminase la noche y lo viésemos todo claro.


La sensación supongo que tiene que ser parecida a la que experimenta una ardilla sorprendida de improviso por las luces largas de un vehículo al cruzar una carretera desierta y oscura.

La revelación te golpea y durante unos interminables segundos te quedas mudo para luego pensar: "¡Sí! ¡Eso es! ¿Cómo no me había dado cuenta?".

Recuerdo cierto día, ya lejano, que estaba practicando Aikido con un compañero primer dan con el que tenía mucha confianza y muy buen rollo. Tenía que atacarme agarrándome el hombro con una mano y golpearme "shomen uchi" con la otra en "tegatana" en la cabeza. Yo, aunque lo intentaba, no podía evitar que la mano con la que iba a golpear mi cabeza atrapase toda mi atención. Él me decía que no lo hiciera: "soy un todo, tengo otra mano, piernas, cuerpo, no te centres tanto en mi mano". Yo le contestaba: "sí, sí" pero volvía a cometer una y otra vez el mismo error.

En una de estas él me agarró con su mano izquierda el hombro y cuando vio que yo me olvidaba de ella para centrar mi atención en la otra, me estampó un bofetón en toda la cara.

¡Plas!

No fue muy fuerte pero sí muy sonoro.

Para mi fue un pequeño despertar.

- ¡Perdona! ¿Te he hecho daño?

- No, no, al contrario. ¡Muchas Gracias!

Al fin había comprendido.

Hoy, muchos años después, aún sigo recordando con cariño y admiración a esa persona y agradeciéndole profundamente aquella gran lección.

Hace poco me sucedió algo similar, quizá no tan intenso pero muy revelador también.

En una de las listas a las que estoy suscrito alguien, de cuyo criterio me fio mucho, me dijo que por qué no me callaba. Ya iba a lanzarle yo una buena andanada me mi más potente artillería recordándole que él no era nadie para decirme eso y menos teniendo en cuenta que blah, blah, blah, requeteblah.

Cuando de repente... ¡El Relámpago!

¡Sí! ¡Claro! ¿Por qué no?

Y decidí no aferrarme, no discutir, no imponer mi presencia ni tratar de convencer a nadie con mis razones.

El mejor combate es aquel que no libras. Si te enfrentas, aunque ganes, has perdido.

Levántate de la mesa "antes" de sentirte harto, vete de la fiesta cuando aún el anfitrión no haya mirado el reloj y haya sugerido que igual es ya hora de ir terminando.

Pero todo esto no lo hagas con rencor, que tu retirada no sea una revancha, un "para-que-aprendan". Sé el cielo retirándose ante la montaña dándole todo el espacio que ésta quiera, que sea ella la que llegue por sí misma a su límite. Y, por supuesto, evita los portazos y estate disponible si así lo sientes dentro de tí más tarde siempre que la actitud sea la correcta.

Al hacer esto gané en tiempo y tranquilidad. No diré que fue coser-y-cantar pero para nada tan difícil como había imaginado.

Al poco sucedió algo que, de no ser porque hace tiempo que no creo en ellas, podríamos clasificar como casualidad. Abrí un libro al azar y leí: "El Camino del Sabio es cumplir con su deber 'y no luchar con nadie'".

Automáticamente sentí como si algo o alguien me hiciese un guiño y me dijese: "¡Bien Hecho! ¡Buena Elección!".

Por cierto... ahora tengo más tiempo para escribir en el blog. ;o)

)S(

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