domingo, 22 de junio de 2008

Akshani


El guardia cierra con llave el mausoleo -escribe el autor anónimo-, dejando que el sonido pesado de la cerradura caiga en la oscuridad como si dejara allí abajo el nombre de la llave. Está de mal humor, al igual que yo, se sienta en una piedra a mi lado y cierra los ojos. En el momento en que pienso que ya se ha dormido en su sector de la sombra, el guardia levanta la mano y me muestra una polilla que vuela en el portal del mausoleo, que ha salido de nuestra ropa o de las alfombras persas del edificio.
-Ves -me dijo con indiferencia-, ese insecto está allí en lo alto, bajo la pared blanca del portal y es visible sólo porque se mueve. Mirando desde aquí se podría pensar en un pájaro en un cielo profundo, si la pared fuese cielo. La polilla probablemente lo entiende así y solamente nosotros sabemos que no tiene razón. Ella ignora que nosotros lo sabemos. Ni siquiera sabe que existimos. Trata de comunicarte con ella, si puedes. ¿Puedes decirle algo, cualquier cosa, pero de modo que te comprenda y que estés seguro de que te ha entendido por completo?
-No lo sé -dije-. ¿Y tú?
-Yo sí -respondió el viejo con calma, de una palmada mató a la polilla y me la mostró así, aplastada en la palma de su mano.
-¿Cree que no ha comprendido lo que le dije?
-También a una vela, apagándola entre dos dedos -observé-, puedes demostrarle que existes.
-¡Si la vela pudiese morir, sí! Imagínate ahora -prosiguió- a alguien que, mientras nosotros pensamos esto de la polilla, piensa lo mismo de nosotros. Alguien que sabe cómo, por qué y de qué está limitado este espacio nuestro, esto que nosotros creemos que es el cielo e imaginamos ilimitado, alguien que no puede acercársenos para hacernos saber que existimos salvo de una única manera: matándonos. Alguien que nos alimenta con sus vestidos, que lleva en sus manos nuestra muerte como un lenguaje, un modo de comunicarse con nosotros. Al matarnos, ese desconocido nos hace conscientes de su existencia. Y nosotros a través de nuestras muertes, que quizá son sólo la moral que el homicida enseña a un vagabundo sentado a su lado, nosotros, digo, a través de nuestras muertes, como si fuesen una puerta entreabierta, logramos ver en el último instante nuevos espacios y otros confines. Es justamente ese sexto y supremo grado del miedo mortal (del cual no existe recuerdo) lo que nos une y vincula a todos nosotros, jugadores anónimos. La jerarquía de la muerte en realidad es lo único que hace posible el sistema de comunicación entre los diferentes niveles de la realidad en un espacio inmenso en el que las muertes, como ecos de los ecos, se repiten hasta el infinito...
Mientras el guardia habla, yo pienso: si lo que me está diciendo es debido a la sabiduría, a la experiencia o a la lectura de muchos libros, entonces no merece atención. ¿Pero y si en cambio en este momento se encuentra en una posición que le permite una visión más amplia que la nuestra o incluso que la suya de hace poco...?
(C) Milorad Paviċ
Diccionario jázaro
Libro Verde
Akshani, Yabir ibn


Irakurri gehiago

sábado, 21 de junio de 2008

El Enterao


De como el acceso a la cultura ha hecho proliferar este ejemplar de sabihondillo wikipédico.


Me contaba un amigo, no sin un cierto resquemor, que hacía poco un colega suyo, yendo los dos en el coche, le soltó: "la tercera del album [no me acuerdo cual me dijo] de Motorhead está guay".
Mi amigo: "¿eh? ahora mismo no caigo".
"¡Cómo no puedes saberlo! si es... " y le dijo el título.
Esto, que sucede con una cierta regularidad cuando frecuentas a esta fauna de enteradillos que siempre saben de todo y mejor que tú, a mi amigo le dejó bastante mosqueado.
Primero porque pensaba que igual había ido a pillarle, y segundo porque sabía positivamente que hace 6 meses el susodicho sabelotodo no conocía nada, cuando digo nada quiero decir absolutamente nada de Motorhead, ni siquiera "The Ace of Spades", que por cierto es la única que yo conozco.
Claro, como el otro, el que luego fuera víctima de su "pero cómo no lo sabes", se los recomendase, se descargó la discografía completa en el emule, consultó la wikipedia y otras páginas que me dijeron y no me acuerdo, como viaja mucho lo oye a todas horas y ¡voilà! de la noche a la mañana tenemos el "experto" en ese grupo.
Eso sí, si le hablas de algo que se salga un milímetro siquiera de lo que se ha "preparado" como si fuese un examen, le pillas en bragas a la primera.
Son gente que pretende saber y lo que se han dado es un atracón de datos, incultos documentados, saben las cosas pero como las han comido todas de golpe tienen fallos garrafales, han oido tiros pero no saben donde es el combate y, lo que es peor, las razones por las que se está combatiendo.
Tienen conocimientos pero no criterio.
"Y me jode que se crea que sabe más que yo, porque ahí me ha pillado, pero le pillo yo a él en mil y no digo nada" termina cabreado mi amigo.
Que conste que no critico la wikipedia, ni mucho menos, la envidia de no haberla tenido en mis tiempos. Y que conste que enterados ha habido siempre, lo que pasa es que antes no lo tenían tan fácil...
)S(


Irakurri gehiago

martes, 10 de junio de 2008

El remendón


O como las cosas no siempre son lo que parecen en la Europa Oriental de finales del siglo XIX princpios del XX.

Llegó al pueblo andando despacio un día lluvioso. Venía del este, era de modales humildes y se fijaba sobre todo en el calzado de la gente. Cuando veía a alguien que necesitaba un arreglo se lo ofrecía. Sus trabajos eran extraordinariamente finos, "Ni el mejor zapatero de Cracovia me los dejaría así" solían decir sus satisfechos clientes, sin embargo cobraba muy poco y a veces incluso ni eso pues tan concentrado en su trabajo se le olvidaba pedirles el dinero a sus deudores.
Abrió un pequeño pero acogedor taller en una caseta medio abandonada desde que hace años muriera sin descendencia el último remendón que hubo en el pueblo.
La gente que es cruel pronto empezó a aprovecharse de este pobre que o bien no se daba cuenta o le daba igual. "¿por qué no te preocupas más por el dinero?" le reprochaban algunos "soy zapatero, no banquero, lo mio es imitar al altísimo, Él hace pies y yo zapatos para calzarlos. Lo importante es que el resultado sea lo mejor posible".
Sus arreglos eran casi terapeúticos pues tras pasar por sus manos botas, sandalias, mocasines, y demás calzado el ajuste eran tan perfecto que la gente se sentía acariciada en los pies, arropada, protegida, deseosa de andar y hacer cosas. Los generosos le pagaban, los mezquinos le negociaban muy a la baja y los sinvergüenzas le daban excusas.
Nadie le oyó nunca quejarse, se podría pensar que era un hombre piadoso, sin embargo pisaba lo justo la sinagoga y no se le oía rezar a menudo.
Un otoño, tras un verano muy caluroso, cuando se suponía que tenían que llegar las lluvias éstas no aparecieron, pasaban los días y las semanas y no llovía. "Di-s nos está poniendo a prueba" decían, luego "Yav-h nos está castigando por impios" más tarde "Tenemos que rezar más y obrar mejor".
Sin embargo pasaban los meses y la lluvia seguía sin aparecer, la gente cada vez tenía que ir más lejos a llenar un cántaro para beber, los animales se morían de sed o de cansancio tras andar tantos kilómetros hasta el agua. La gente pensaba ya en emigrar.
El rabí reunió a los notables "El pueblo se deshace, hay que actuar ya, tenemos que hacer algo que los una, que se vuelvan a sentir una comunidad, que les devuelva la fe y sobre todo que convenza a Di-s para que haga llover".
Así que tras deliberarlo acordaron que a diario iría toda la comunidad a la sinagoga a rezar y que cada día leería las oraciones una persona, incluidas las mujeres. Empezaría, como no podía ser de otra manera, el rabino.
Uno cada día todos los hombres y todas las mujeres fueron leyendo las oraciones pero seguía sin llover. Ya no quedaba nadie salvo el zapatero remendón. El último día el rabino fue a hablar con él "Llevas ya unos años en el pueblo, formas parte de la comunidad, nos gustaría que hoy guiases tú la oración". "Yo preferiría no hacerlo, hay gente que lee mucho mejor que yo incluso la mayoría de niños que preparan su Bar Mitzvá lo hacen, por favor, ahórrame esa humillación". "Tienes que sacrificarte por tu comunidad, te esperamos".
El zapatero temblaba de pie ante todo el mundo en la sinagoga a pesar de que le habían elegido un fragmento fácil se equivocaba constantemente. "¡Menudo ignorante!" pensaba furioso el rabino, "¿cómo pude creer que esto iba a gustar a Di-s?".
El final fue una liberación para todos, la mayoría se marcharon rápidamente, nadie se acercó a felicitarle. A la salida un poco de lejos unos crios le hacían burla imitando sus balbuceos al leer.
El zapatero en su casa se quejó amargamente a Yahv-h: "Señor ¿por qué me hiciste tan torpe? yo lo único que quiero es que todos estén bien, que llueva de una vez y todo el mundo esté contento" decía mientras las lágrimas caían a la tierra.
Y entonces sucedió, primero fueron apenas unas gotas, como cuando vemos llorar a alguien y nos emocionamos nosotros también, luego cada vez más y más.
La gente contenta salió a la calle a celebrarlo y a bailar, nadie reparó en el zapatero.
Esa noche el rabino tuvo un sueño, soñó en un menorah enorme, se puso a contar y tenía 36 brazos, todos estaban encendidos menos uno, entonces oyó la penosa lectura del zapatero y vio como la vela se encendía. En ese momento despertó, se vistió apresuradamente y mandó llamar a los notables, les contó el sueño y como lo había interpretado: "El remendón es uno de los 36 lamedvavniks sin duda" y decidieron ir al momento todos a verle a su cabaña a pesar del chaparrón.
Pero ya se había ido por la noche con sus humildes ropas que permanecían secas bajo la lluvia.

Cuentan que al cabo de unos meses llegó otro zapatero y todo el pueblo le trató bien desde el principio... no fuera también uno de los justos.

)S(


Irakurri gehiago