martes, 26 de agosto de 2008

Aterrizaje


No hay que temer la verdad... aunque duela.

Leo en el correo digital una genial columna de Juán Bas, según le voy siguiendo le voy apreciando, (tendré que leerme "Alacranes en su tinta"), que narra de forma magistral la crónica de un divorcio cantado. Puercoespín y Mangosta son dos profesionales sin hijos y totalmente volcados en sus respectivos trabajos, un día él recibe un frío email en el que ella le anuncia su decisión porque "no le aporta nada seguir con él" (cito de memoria).
El autor se permite el lujo de decir que ella es una mujer "de hielo" pero... ¿y él? ¿no notaba nada? ¡Vamos, anda!
El divorcio "ya" se había producido pero ellos no eran conscientes. No fue un divorcio sino simplemente un aterrizaje.
Hacemos interpretaciones de eso que nos pasa llamado: "realidad". A veces son certeras, ajustadas a lo que "realmente" sucede (si es que es posible saberlo), otras, en cambio, se nos va la olla y no es que no toquemos con los pies en el suelo sino que flotamos perdidos entre las nubes de nuestra, en el fondo interesada, interpretación de los acontecimientos.
A veces sucede algo, como ver pasear con el novio a una que nos miró y sonrió entre el humo y la gente de un bar de copas cierto sábado a la noche... y nuestra fantasía: "le gusto", autoalimentada captando sus más mínimos e inocentes gestos, se hace añicos. Y perdemos lo que nunca tuvimos realmente.
Pero ganamos algo: durante un tiempo, por breve que haya sido, tocamos suelo... o, por lo menos, no flotamos tan arriba en las nubes... en una palabra: aterrizamos.

)S(

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