miércoles, 30 de abril de 2008

Lo que me enseñó el taxidermista

Leo en el blog de un amigo un post que llamaré "el taxidermista de Bermus".
Ya conocía el cuento de haberlo leido u oido en alguna parte que ahora ni me acuerdo ni quiero hacer esfuerzos en acordarme.
Siempre había pensado que el momento culminante era cuando la mariposa se posaba y él pudiendo capturarla y así ganar unos momento de vida elegía "generosamente" dejarla libre.
Sin embargo, ahora, tras la versión bermusiana no puedo dejar de pensar que lo que más me ha llegado con diferencia es cuando, sabiéndose condenado, no se preocupa y simplemente se va a meditar y a aprovechar los últimos momentos de su vida.
Pero, en una ulterior lectura me doy cuenta asombrado de lo que, claro como la luz del día, se me había pasado por alto: "se duerme", "se queda traspuesto", es decir no está en absoluto preocupado y sobre todo no intenta "aprovechar al máximo la vida que se le acaba".
O sea que el verdadero regalo no son las mariposas que le despiertan con el espectáculo maravilloso de su vuelo, ni siquiera la que se ofrece con generosidad posándose en su mano.
Lo que me enseñó el taxidermista de Bermus no es nada fácil explicarlo con palabras... así que iré a buscar un lugar bonito y tranquilo de algún pequeño jardín cercano para echarme una siesta al sol.
)S(

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