Un cuaderno, uno bonito, con tapa dura y motivos... pongamos islámicos, de Ipahan por decir uno. Fabricado en China, como cada vez más y más cosas hoy en día. Con su marcapáginas rojo de tela. En fin todo un señor cuaderno.
Pues como decíamos un cuaderno sirve para olvidarlo en casa y acordarte de que no lo tienes cuando en el metro se te ocurre una idea interesante. O cuando tienes que apuntar un dato importante y, a la fuerza, lo tienes que hacer en cualquier papel que tengas por ahí en los bolsillos.
Por supuesto un cuaderno sirve para, tan bonito él, no saber con qué "desvirgarlo". Cual padre para el que ningún pretendiente es bueno para su hija, ningún contenido, ninguna frase o dibujo nos parece suficientemente importante, por eso hay que iniciarlo cuanto antes.
Un cuaderno sirve para perderlo, o por lo menos para tener el miedo de hacerlo y de que cualquiera que lo encuentre fisgonée y acaso se ria de tus pensamientos más absurdos o sentimientos más profundos.
Claro que también sirve para que dudes, precisamente por si se te pierde, de escribir esas cosas, de ser sincero al cien por cien.
En invierno es fácil, siempre hay algún bolsillo grande en el que meterlo, al fin y al cabo es pequeño. En verano, en cambio, te pega a la bolsa-mochila-macuto donde lo lleves con el libro que estés leyendo.
Porque si hay algo más importante que un cuaderno es un libro. Llevando uno, uno interesante, claro, da igual que tengas que esperar. Lo que podrían ser cinco minutos de interminable tedio, que consiguen que cuando llegue la persona a la que estabas esperando estés un poco enfadado "esa puntualidad"... se convierten automáticamente en veinte minutos de agradable lectura, se pasan en un verbo, vamos. Incluso piensas: "podría haber tardado un poquitín más, en dos hojas terminaba el capítulo".
Un cuaderno también sirve para necesitar hojas, para tener miedo de cortarlas, para si acaso cortar otras de otro sitio y llevarlas, y precisamente porque las llevas, es entonces cuando no las necesitas.
Lo sé: me estoy poniendo muy cortazariano con el cuaderno como él, gran maestro, con su reloj.
Claro que terminemos salvándolo, hagamos que un meme nos asalte, está escondido en una situación que viven algunos a quienes nosotros vemos. Pongamos un ejemplo: una chica guapa que habla con uno. ¿Dónde? digamos que... en el metro. Cerca hay un hombre, parecen separados, que no tienen nada que ver, pero ciertos detalles, la tristeza en la mirada de ella, algún comentario apenas dejado caer como de pasada, el chico se da cuenta: "es puta" y siente una gran ternura, quisiera decirle algo pero seguro que a ella le está prohibido hablar con otra gente...
Esa información, una vez que se separan, se registra en el cuaderno. El meme consigue uno de los objetivos: la permanencia en soporte físico, como todo el mundo sabe más confiables que la memoria desde que el ser humano empezó a dudar de sus capacidades.
Con el tiempo y los viajes de metro, la historia se irá ampliando enrevesando hasta estar casi completa y es entonces cuando el cuaderno se perderá y será encontrado precisamente por ella que leyéndolo se sentirá entendida y amada por un desconocido.
En una versión alternativa se vuelven a encontrar y aunque el autor lo sabe incompleto se lo regala al verlo ella y comentar: "¡qué cuaderno más bonito!" "¿Te gusta? es de inspiración islámica de ispahan, ¡Toma! para ti, te lo regalo, tiene escrita una historia pero aún le quedan unas cuantas hojas".
)S(
sábado, 12 de enero de 2008
¿Para qué sirve un cuaderno?
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