miércoles, 23 de enero de 2008

Empatía

Contaba un italiano, catedrático de literatura en una prestigiosa universidad estadounidense, que dar clase allí era un suplicio.
Los universitarios, que tienen mucho espíritu crítico, imagino que para compensar la carencia de él de los no-universitarios, cuando les enseñas El Decameron de Boccacio se ponen a discutir por qué diez jovenes en una epidemia se encierran en un convento a divertirse contando cuentos en vez de ponerse a ayudar.
Terminado, aparentemente, el debate se empieza a hablar de literatura, pero al poco vuelve una y otra vez la discusión inicial: "por qué no están haciendo lo que deberían".
Son incapaces de suspender su espíritu crítico, tienen una ideología que permea todo su pensamiento y no saben apagarla como no saben apagar la tele (esto es cierto, me contaron que muchos se quedan dormidos y se despiertan con ella puesta).
Hace poco me asombraba un post en barrapunto, pretenden cambiar los juegos tradicionales para que haya igualdad.
Sostienen ideas, para mi tan absurdas, como que "la violencia doméstica o la diferencia salarial tienen su origen en los juegos infantiles". Y pretenden que si en los juegos nadie gana o pierde todo será mejor.
Estoy totalmente en desacuerdo.
La vida es lucha, también colaboración, pero fundamentalmente es lucha. Y obviar esto es crear una generación de gente sin una de las tres potencias del alma: la voluntad.
La gente tiene que aprender a esforzarse para conseguir algo, tiene que aprender a ganar, aunque luego, en aras de un fin más elevado suspenda su espíritu competitivo en pos de la colaboración.
Pero que colabore porque así lo ha elegido no porque no sepa competir.
Este falso altruismo impuesto, este recortar las alas haciendo personas light a la larga lo que fomenta es la blandura y sobre todo el egoismo.
La gente que no ha luchado por las cosas, a las que todo se le ha dado hecho no valora lo que tiene. Tiene muy poca o ninguna capacidad de sufrimiento.
Es egoista sin saber que lo es, le parece lo más normal. No empatiza, no sabe ni siquiera lo que es empatizar, ponerse en el lugar de la otra persona.
Me contaba un profesor de instituto que todos hemos sido jóvenes y hemos hecho de las nuestras la diferencia es que entonces, nosotros sabíamos que hacíamos mal y si un adulto nos reprendía agachábamos las orejas. Hoy se encaran y te preguntan: "¿Por qué está mal?" pero lo peor es que realmente no lo saben.
Y como decía mi amigo profe: "mira, si realmente tengo que explicarte por qué lo que haces está mal, no sólo tú, todos tenemos un grave problema".

)S(

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