jueves, 29 de noviembre de 2007

La única verdadera revolución es la interna

Hoy debería estar contento por tener un blog, bueno... otro más. Sin embargo aún resuenan en mis oidos las palabras de una buena amiga. No daré demasiados datos, nunca se sabe quien puede llegar a leerlo. Aunque hasta ahí llega el miedo, que temamos decir las verdades, que nos dé corte denunciar lo que es comprobable.
La amiga de la que hablo vive en una casa especial. La comparte con cierta gente que, en teoría, están a favor de la igualdad entre las personas.
Digo lo de "en teoría" porque en la práctica no sucede exactamente así. Donde debería haber igualdad hay discriminación, donde debería haber un trato respetuoso hay faltas de respeto más que evidentes y en lugar de la apertura deseable todo son politiqueos y ataques por la espalda.
Cuando yo, que colaboro de lejos en el proyecto, me entero de esto me dan ganas de:
a) Pasar de todo y dejar de ir.- Como ya han hecho otras muchas personas que han tirado la toalla.
b) Meterme más a fondo, tomar cartas en el asunto.- No tengo claro si lograría solucionar algo o enmerdarme yo también.
Pero en cualquier caso siento una gran ira, una profunda desesperanza
¿Es que acaso no haya solución?
Quizá la única revolución verdadera sea la interna. Ser capaz de mirar estas injusticias, precisamente en un entorno que se llena la boca y saca pecho diciendo que lucha contra ellas, con desapego. Luchar, contribuir con mi grano de arena a la igualdad, no aportar ni un ápice de apoyo a la opresión, sea del tipo que sea.
Y sobre todo:
¡NUNCA SER EQUIDISTANTE ENTRE VÍCTIMAS Y VERDUGOS!

)S(

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